• “Fui vendido 3 veces a traficantes de esclavos”: el desgarrador testimonio de un joven africano

    Harun Ahmed es uno de los miles de jóvenes etíopes que en los últimos años han viajado a través del Sahara hasta Libia, y desde allí a Europa, en busca de una vida mejor.

    Finalmente llegó a Alemania, pero solo después de sobrevivir tras meses de tortura y hambre a manos de tres traficantes de esclavos que compraban y vendían migrantes como si fueran ganado.

    Harun, de 27 años, nació en Agarfa, en la provincia etíope de Bale, a unos 390 kilómetros al sureste de la capital Adís Abeba.

    Bale tiene una de las tasas más altas de emigración en Etiopía.

    "Después de vivir un año y unos meses en Sudán, comencé un viaje a Libia con otros migrantes, pagando US$600 cada uno a los traficantes", explicó.

    "Éramos 98 en un camión. La gente tenía que sentarse unos encima de los otros y el calor era insoportable.

    "Encontramos muchos problemas en el camino. En el desierto hay personas armadas que te detienen y te roban todo lo que tienes".

    Pero los verdaderos problemas comenzaron en la frontera. Tras seis días viajando por el desierto del Sahara, el grupo llegó a la frontera de Egipto, Libia y Chad.

    Fue aquí donde los contrabandistas se encontraron para intercambiar migrantes,dijo Harun. Pero algo salió mal.

    "En la frontera, un grupo de mafiosos nos secuestró a todos y nos llevó a Chad", dijo. "Nos llevaron durante dos días por el Sahara hasta su campamento".

    Una vez allí, el grupo -que estaba fuertemente armado y hablaba árabe y otros idiomas- explicó lo que quería.

    "Trajeron un automóvil y dijeron que aquellos de nosotros que pudieran pagar US$4.000 podían subir al auto. Los que no, debían quedarse fuera".

    "No teníamos ese dinero, pero hablamos entre nosotros y decidimos fingir que lo teníamos para subir al automóvil de todos modos".

    Harun y sus amigos fueron trasladados durante otros tres días, antes de llegar a un lugar en el que vendían migrantes.

    "Los que nos llevaban nos dijeron que nos habían comprado por US$4.000 cada uno, y que a menos que les devolviéramos ese dinero no iríamos a ninguna parte", dijo.

    Si no conseguían el dinero, su destino estaba tristemente claro.

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